El descubrimiento

El contemplador. Pilar López Báez. 2013
Como en trabajos anteriores los niños protagonistas se nos muestran más o menos inconscientes de las imágenes que les rodean, imágenes que conforman un collage de muerte y vida. Su existencia parece desarrollarse en una realidad que apenas pueden comprender, sólo quizás contemplar. Como nosotros están abocados a la certeza de la muerte y como nosotros sienten la perplejidad que supone vivir. Parece como si sólo fueran meros espectadores, imposibles protagonistas de su propia historia.

El muro

El año pasado fue un año difícil, me sentía perdida, confundida y falta de fuerzas. Colgué los pinceles un tiempo, lo cual no me hacía sentir precisamente feliz.
Es tiempo de recuperarme a mi misma. Ya me di el baño de tumba como diría Neruda : De cuando en cuando y a lo lejos hay que darse un baño de tumba... y desde la tierra cerrada mirar hacia arriba el orgullo..
Ahora es el momento.
Presento aquí otro cuadro de la misma serie titulada "El comtemplador". Este, aunque inspirado en parte en la memoria histórica de España, sigue el mismo planteamiento: como parece que la vida a veces se vive sin nosotros, que aunque seamos protagonistas de nuestras historias, nos asalta de cuando en cuando la sensación de irrealidad, nuestra historia se nos vuelve extraña, nuestra cotidianeidad se torna ajena. Nuestra memoria, borrosa y olvidadiza, censurada e influida por el mundo que nos rodea y el pasado histórico y social que arrastramos, no nos ofrece la salvación, y aunque a ratos nos aseguré nuestra continuidad de nosotros mismos en el tiempo, en otros tantos sólo nos ofrece una sensación de extrañeza. La confusa memoria y el olvido complican la tarea de reconocerse viviendo.